Ellos agarran las motos y, peor aún, las reconocen; reconocen sus sonidos aun en las noches que llueve, y pueden darte muchos datos sobre sus dueños, datos que tú siempre has desconocido y, claro, no sabrías ni por dónde empezar; tú ni siquiera sabes quien tiene moto en este pueblo. Esa es su habilidad, su secreto; porque no todos los secretos llevan a cuevas y a antiguos artilugios; ellos pueden demostrártelo. Ten cuidado de no sentarte en la roca equivocada, quizás entonces te observen y tú empieces a pensar que ellos saben algo que tú no; la roca puede no ser la más cómoda, o puede ser la más fácil de vigilar, de tenerte controlada y urdir maldades sobre tu pequeña personita. Lo que digo es que tengas cuidado con los pueblos, los jóvenes se esconden en lugares húmedos y en realidad no sabes lo que hacen, por eso el peligro. Yo he estado allí y he asentido ante sus afirmaciones que ahora nos dan escalofríos; y sí, sus palabras están vacías, pero el poder no reside en las palabras sino en el conocimiento del terreno. Sólo ellos saben si ese perro es peligroso; o si están bromeando, sólo ellos lo saben.
miércoles 1 de febrero de 2012
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